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Construir una atmósfera en la que todas las personas que
comparten el ambiente de trabajo respiren calidad, y que ésta
calidad fluya a otras áreas y terceros con quienes mantienen
relaciones -el cliente, por ejemplo- requiere de varios
recursos.
El principal recurso son, sin dudas, las personas. Serán ellas
los agentes de cambio y, a su vez, los beneficiarios primeros de
los resultados que se alcancen a lo largo de la duración del
proceso.

Sin embargo el futuro, los escenarios desconocidos o que suponen
alteraciones en la normalidad de los procesos, actividades y en
la manera en que se hicieron siempre las cosas, genera en
algunas personas sentimientos de resistencia a abandonar lo
conocido o temor a incursionar en nuevos caminos.
Es común observar en el grupo comportamientos que reflejan no
adhesión al proceso de cambio, conductas dubitativas en
referencia a continuar aplicando recursos para generar una nueva
atmósfera y demás actitudes que suelen condicionar el avance
hacia la situación objetivo.
Los motivos anteriores ameritan, entre otros, la existencia de
la figura de un líder.
Figuradamente el líder se asemeja al capitán de un barco, y como
tal debe conducir al grupo para llegar al puerto deseado,
procurar no desviarse de la ruta pre-establecida, superar las
dificultades que puedan azotarnos en alta mar, realizando todo
sin descuidar a la tripulación. En definitiva, es el conductor
que conduce a los tripulantes para arribar juntos, en las
mejores condiciones, al destino anhelado.

El líder en este proceso de purificación de la atmósfera de
trabajo en base a la calidad, debe distinguirse por su calidez
humana tanto por su compromiso. Es deseable que sus compañeros
de grupos -subordinados- lo identifiquen por:
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Ser un maestro, que cada jornada enseña algo nuevo.
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Ser cálido, dirigirse al resto con un trato sencillo, humilde y
amistoso.
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Estar siempre presente, haciendo notar su apoyo y estímulo a
enfrentar nuevos desafíos laborales y a crecer como personas.
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Considerar los errores cometidos como oportunidades para
aprender.
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Compartir con el grupo sus éxitos y participar a todos de sus
logros.
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Sustituir el “yo” por el “nosotros”.
El reto para construir un ambiente en el que se respire calidad
consiste en que un líder con fuertes convicciones en el valor de
la calidad humana, se apropie del proceso y guíe a sus
compañeros en el trayecto a recorrer para alcanzarlo.
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